Punta Iguana, "La playera": tierra de dulces recuerdos
Muchos son los recuerdos que han quedado grabados de los pueblos del ayer, época de tradiciones y costumbres populares protagonizadas por sus habitantes, gente sencilla que hacían de cada día un escenario de cotidianidad que les distinguía del resto. Tiempos añorados por quienes tuvieron la dicha de vivirlos y que hoy con un dejo de nostalgia brindan testimonios de esos años mozos.
Es Punta Iguana, "La Playera", un reflejo de momentos inolvidables, cuando todos sus nativos tenían la dicha de compartir el inmenso Lago de Maracaibo, como el mejor espacio de convivencia que hayan podido disfrutar.
Cuando se habla de nuestros orígenes, llegaba a la memoria de los ancianos de la época una particular historia que define el por qué se llama así este populoso sector. Contaban ellos, que a orillas del lago, específicamente en nuestras riberas, salía una punta de tierra que semejaba la forma del tan conocido reptil, como lo es la iguana, especie abundante de la zona, con la cual propios y visitantes se deleitaban al comerlo como un exquisito plato elaborado en coco, costumbre que ha identificado tras generaciones hasta este lacustre sector. Se dice que dicha punta se podía visualizar vía aérea o desde las piraguas en su lejanía.
Casas de barro y techos de cocotero, carreteras de arena, parcelas con sembradíos, eran las características de esta sencilla zona costera en la cual los niños venían al mundo a través de las parteras, donde además no faltaban los decimistas y las inigualables gaitas tamboras.
En los tiempos cuando todas las casas quedaban a orillas de las playas la vida era muy bonita; las mujeres lavaban la ropa en el Lago, las personas se bañaban todos los días en él y hasta tomaban agua de allí que recogían en tinajas y envasas de aluminio que ellos mismos reciclaban. La ropa era alisada con planchas de hierro, la gente no tenía televisor ni ventiladores, se criaban a los niños con leche de cabra y de vaca, no tenían electricidad y alumbraban por las noches con lámparas de gas (chompines) hasta llegado el otro día cuando se levantaban bien temprano a seguir la faena y extraerd e sus cosechas de frijoles, lentejas, auyama y yuca, lo que necesitaban para realizar los mejores platos criollos donde predominaba "el caldo de coco".
El hato "San Pedro" era un lugar de referencia obligada en la comunidad, en ese espacio propiedad de Rubén Urribarrí, se guardaban las cabras, además se recibían las cangrejas que pescaban en las famosas piraguas de vela.
Punta Iguana se caracterizaba porque todos vivían bajo las mismas condiciones, con la misma sencillez y cotidianidad que les brindaban las riberas lacustres, complementada con la siembra de ciruelas, mamones, lechosas, que se cultivaban en las parcelas del sector. Para aquel entonces se cocinaba en leña, lo que se recogía de los sembradíos y se pescaba del Lago y aún así no habían tantas enfermedades como ahora, eran personas sanas tanto en salud como en su comportamiento. Las arepas de maíz pilado y los "bollos de hoja" hicieron famosas a mujeres del pueblo como Elena Cepeda y Carmen Meléan, quienes con sus manos llenaron de sabor al paladar de sus vecinos.
Llegada la década de los años 60, en pleno Gobierno de Rómulo Betancourt, se consolida la construcción del Puente sobre el Lago de Maracaibo "General Rafael Urdaneta" y con ello la industrialización que permitió que muchas casas tuvieron que ser derrumbadas para el logro de esta importante arteria vial ícono de la zulianidad.
Así se fue formando el pueblo que es actualmente, con mejores calles y avenidas, con una mayor extensión geográfica y número de habitantes, con personas que han luchado por destacarse a través de su talento y profesión, pero que mantienen la misma cordialidad y hospitalidad que hace que cualquier visitante pueda sentirse como nativo a través de las anécdotas que se disponen a contar como los más gratos testimonios.
¡Es Punta Iguana, "La Playera", cuna de hermosos recuerdos de nuestros abuelos!.




